Alfonso Salas

Preguntarse si Alfonso Salas, es más artista que dominico o viceversa es tan sutil y a la vez tan elementalmente complicado que no llegaríamos a alguna definición definitiva, ya que la sincronización de ambos roles y profesiones está totalmente asegurada. Cuando trabaja en su taller de Caleruega, dentro del horario del convento, es el artista que ya inspirado y tras la meditación, lectura, vivencias, toma sus herramientas, su técnica, sus conocimientos y los va plasmando en rasgos, cinceladas, lijamientos, pulidos, figuras, temas, formas, dibujos…

Evidentemente hay en sus obras un misticismo teológico latente, en unas más que en otras, pero en todas ellas aparece expresamente o en transparencias de forma elíptica.

La tesis por lo tanto es clara: No hace por hacer, no talla por tallar, su arte no es el arte por el arte, sino el arte como medio de comunicar lo contemplado. y ¿qué nos comunica? La gama temática es tan amplia como la vida misma y enriquecida a lo largo de su dilatada actividad.

Por eso y por citar temas que ha tratado en piedra, poliester, hierro, bronce y grabados, dibujos, madera, barro, escayola, tiza… van desde el fraile, el Papa, la Iglesia, su madre, al labrador, la paloma, las gaviotas o los pájaros. Temas religiosos, teológicos, sociales, ecológicos, de valores éticos, humanos: Amistad, amor, maternidad…

Su formación filosófica-teológica, aristotélico-tomista, con el rigor escolástico es la garantía de su arte.

La conjugación de lo humano y lo divino, de lo corriente y lo sublime, de lo exterior o interior, de la materia y el alma, surge de una manera espontánea y natural en la obra de Salas, como el latido y respiro. A sus pensamientos y sus palabras como explicación racionalizada de sus obras responde con los frutos maduros de una reflexión puesta a punto, de un conocimiento técnico esmerado y transparencia entre el signo y lo significado, el símbolo y lo simbolizado, la idea y lo dicho.

Monasterio de San Juan exposición de esculturas el dominico Alfonso Salas. ARTE; CULTURA; escultura

Han dicho de él…

SALAS, POR JOSE HIERRO

Hay algo imprescindible para el escultor, y que posee éste que presenta su obra en CÍRCULO/2: el sentido de la monumentalidad, más perceptible, precisamente, por tratarse de obras de pequeno formato. Ya es sabido que el pequeño formato puede finalizar en productos que tienen más relación con el bibelot que con la auténtica escultura. Alfonso Salas persigue una rotundidad y esencialidad de la forma, como si no quisiera que sus criaduras de piedra, solitarias o agrupadas, dejasen de recordar el bloque originario del que proceden. A esta condición de escultor químicamente puro, para quien el volumen posee suficiente elocuencia, añade algo de pintor. Y no porque emplee la policromía en sus esculturas, sino porque combina frecuentemente, con las superficies lisas y brillantes, zonas mates y ásperas, que contribuyen a realzar las formas protagonistas. En ocasiones, este procedimiento -como en las esculturas que representan, estilizadas, aves diferentes y cuendo se trata de esculturas fundidas en bronce-, dan un resultado más decorativo que profundo. Tal vez porque Salas es de esos que se encuentran a gusto en la talla directa, plegando el material a sus deseos. Plegando sus deseos a las sugerencias que la piedra, mientras trabaja, va haciéndole. Son esculturas éstas suyas que no nacen perfectas en el barro para ser traducidas después a la piedra por el sacador de puntos, sino dictan sus leyes durante el proceso de realización. Tal vez algunos de los volúmenes resultantes no estuviese previsto por el escultor en sus esbozos -o en sus proyectos de la imaginación- previos, sino que fue consecuencia de una veta de la piedra que él, amante de los materiales, se vio obligado a aprovechar. Belleza del material que en alguna ocasión, como en una pequeña figura desnuda, puede llegar a destruir la pureza de la forma. Salas me parece, repito, un escultor genuino que, entre los varios caminos que se le ofrecen -su exposición no posee la unidad necesaria- acabará por elegir el más acorde con su personalidad.

En la revista Crítica de Arte. Madrid, junio de 1980, págs. 15-16

SALAS, POR ANTONIO CORRAL CASTANEDO

Alfonso Salas. A veces, en sus esculturas, las formas, las figuraciones insinuadas, pero perfectamente definidas -viviendo y palpitando, pese a su hieratismo aparente, pese a su quietud ensimismada- nacen de la materia, nos salen al encuentro sin desprenderse de esta materia de la que brotan y que se convierte -al cogerlas- en su circunstancia, en su acontecer. Así en sus seres o en sus grupos que surgen -como diría Miguel Ángel- eliminando de la piedra o del bronce aquello que les sobra. Pero es poco lo que elimina para que sus seres conserven, pese a su carga de realidad, una cierta abstracción de idea o de espíritu.

En otras ocasiones, lo que a Alfonso Salas le preocupan son el temblor, el ritmo, el movimiento, el escalofrío. Y así, en sus formas que vuelan -en sus cuerpos truncados para que terminemos de definirlos o de esculpirlos con la mirada-, lo que hace es abrir estelas en el aire, rasgándole en ritmos, inquietándolos en fugas; poniendo, en definitiva, sobre la materia sutil del aire, el corazón o el aliento que le faltan.

El Norte de Castilla. Valladolid, 23 de febrero, 1982

SALAS, POR MARIO ANTOLÍN

Piedra y madera se hacen humo y milagro en sus manos sedientas de armonía. Alfonso Salas, perseguidor de sueños, descubre en cada piedra lo que la piedra esconde. Le arranca lo real, lo inexpresivo, lo externo y lo concreto para dejar al aire la última raíz de su belleza que palpita oculta en su interior. Geometría inventada. El círculo y la recta se miden por poemas. Es distinta la roca y distinto el lenguaje del poeta si se expresa con mármol o granito. Libertad de conceptos. Libertad de crear. Hay esculturas tímidas casi como un susurro y esculturas rotundas, donde todo ésta dicho. Pero en unas y otras se equilibran lirísmos y pasión. Alfonso Salas desnuda de impurezas la materia.

El Imparcial. Madrid 20 de mayo, 1980, pág.20.